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Desde tiempos el libro convive con la palabra. El hombre bajó de los árboles,
abrió la boca con admiración y con el gesto encontró un sonido que acariciando su
lengua se articulaba inventora de códigos nuevos y señales disparatadas.

Había nacido la palabra. Necesitados de colorear lo que decían, de pintar lo que soñaban,
de un modo natural la escritura fue su posterior culminación artística.

El libro vino después, con paciencia y devoción artesanal para que las cosas y los hechos
tuvieran una constancia y la memoria creciera con tranquilidad frente al poder del olvido.

Ha pasado tanto tiempo que nadie se para a pensar en la evolución del pensamiento y
sus formas de expresión en la vida moderna. No importa, porque inevitable el eco alcanza
nuestra palabra perdida entre el sueño y la realidad que nos circunda.

Agazapada vive una liturgia que desde la divinidad llega hasta nosotros.
El ser humano encuentra el conocimiento con la palabra.

La reflexión y la admiración por aquello que nos rodea y somos capaces de nombrar es lo
que da sentido a nuestras vidas. Es una forma de atraer a las cosas para reconocer su
sentido, es una manera de acercar el pensamiento de lo que nos sucede a nuestro mundo.


Como el amor incomprendido es un puente entre el cuerpo y el mundo, respira con lo
que sentimos y entre la nada y el todo, aún en el deseo malogrado, aparece la libertad
de la palabra ante la perversión de los hombres.

Es estar y vivir encadenado a las palabras para saborear su libertad.
Dejémoslo claro, como el enamorado necesita del amor, el hombre necesita de la
palabra para verse como héroe o como villano.

No ha surgido todavía en la historia humana ninguna forma de expresión ni de
comunicación que supere el primer silencio. Tampoco ningún poder que se muestre
capaz de limitar su riqueza inmediata.

El mundo está en las ideas que con las palabras explican al hombre los universos
recónditos. Los del alma con sus traiciones, los del cuerpo con sus emociones
encontradas y perdidas al instante.

Sólo hay un pequeño detalle que nos recuerda que todavía el poeta sigue en los árboles.
La palabra bendecida por el tiempo crece entre papeles que se cubrieron con un libro
permanente. Este mundo, mágico y antiguo, se renueva con el destino de los hombres.

Los acontecimientos no pueden cambiar el poder del silencio, pero así como hay palabras
que valen tanto como el silencio, podremos leer el rumbo que adquiere el caos del mundo
entre las cubiertas de un último libro. Puede que entonces baje el poeta de los árboles y
nos recuerde cómo era el mundo.

Enya - Flora´s Secret

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