Había
una vez... un hada...

.... muy bella que protegía un bosque encantado. 
Su belleza era tanto externa como interna. Sus largos
cabellos rosados
acariciaban sus pequeños hombros; sus profundos ojos violetas reflejaban
los destellos del sol; su sonrisa era dulce y tibia como un beso matinal
y
su voz contenía todos los sonidos de la Naturaleza.

Su cuerpo estaba cubierto por una larga túnica
azul; abrazaba su cintura un
hilo de luna y sus pies estaban protegidos por hojas de abedul.
Sus manos eran perfectas: suaves al tacto, prolongaciones de Amor y de
caricias divinas. 
Sobre su frente brillaba un punto de luz, como un diamante puro, pero
la
principal característica estaba en su pecho: tenía una enorme
estrella
dorada que titilaba al compás de su respiración.

Asombrada por lo que veía me acerqué
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