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En los libros se busca a Dios,
en la meditación se le encuentra.

Es fundamental dedicar media hora a la meditación;
si estás muy ocupado, entonces precisarás una hora.

Un día una pequeña abertura apareció en un capullo;
un hombre se sentó y observó a la mariposa por varias horas,
mientras ella se esforzaba para hacer que su cuerpo pasase a través
de aquel pequeño agujero.

Mientras tanto, pareció que ella había dejado de hacer cualquier progreso,
parecía que había hecho todo lo que podía pero no conseguía agrandarlo.

Entonces el hombre decidió ayudar a la mariposa,
tomó una tijera y abrió el acapullo.

La mariposa pudo salir fácilmente, pero su cuerpo estaba marchito,
era pequeño y tenía las alas arrugadas.


El hombre siguió observándola porque esperaba que, en cualquier momento,
las alas se abrieran y estirasen para ser capaces de soportar el cuerpo,
y que este se hiciera firme. Nada aconteció!

En verdad, la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con su cuerpo
marchito y unas alas encogidas. Ella nunca fue capaz de volar.

Lo que el hombre, en su gentileza y su voluntad de ayudar no comprendía,
era que el capullo apretado y el esfuerzo necesario para que la mariposa

pasara a través de la pequeña obertura,
era la forma en que Dios hacía que el fluido del cuerpo de la mariposa fuese a sus alas,
de tal modo que ella estaría lista para volar,
una vez que se hubiese liberado del capullo.


Algunas veces el esfuerzo es exactamente lo que necesitamos en nuestra vida

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