Cuatro
velas
Las
cuatro velas ardían en un hermoso candelabro.
En la habitación reinaba tal silencio que podían oírse
las velas
cuando comenzaron a hablar.
La primera suspiró y dijo: "Me llamo Paz. Mi luz aún
ilumina,
pero a los hombres no les interesa la paz y no me quieren".
Su luz se fue achicando hasta apagarse.
La segunda vela titilaba aún cuando afirmó: "Mi nombre
es Fe.
Pero los hombres no quieren saber nada de Dios.
No tiene sentido que siga ardiendo". Una corriente de aire la apagó.
Despacio y tristemente habló la tercera vela: "Me llamo
Amor.
Pero no tengo más fuerza para seguir ardiendo.
Los hombres me confunden, se miran a sí mismos y no a los otros
a quienes deberían regalar su amor". Y también se
apagó.
En ese instante entró un niño a la habitación.
Miró las velas y afirmó afligido:
"Pero... ustedes deberían arder y no estar apagadas".
Entonces la cuarta vela comenzó a hablar y dirigiéndose
al niño le dijo:
"No tengas miedo, mientras yo arda siempre podré volver
a encender
las otras velas. Me llamo Esperanza".
El niño tomó la luz de la Esperanza y con ellas encendió
nuevamente
las otras velas.